Coworking con propósito

09.Jul.2020

El laboratorio donde BlaBlaCar España aprendió a contarse a sí mismo

  • Impact Hub Madrid
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Vincent Rosso trabajaba en su casa en el desarrollo de BlaBlaCar España cuando un amigo le habló en 2010 de que Impact Hub acababa de abrir sus puertas. Tras notar el peso de la soledad, formar parte de “una comunidad simpática” le pareció buena idea. Allí aprendió el valor de trabajar en comunidad y la importancia de preservar la cultura de la empresa.

Su primera impresión fue de calidez, tanto por los materiales, como por el trato personalizado de “un equipo que se interesaba” en los proyectos. “Era un ambiente de paz, luz y calidez”, define Rosso, que hasta entonces había trabajado en multinacionales o en modo home office, pero no en un coworking.

Explicas tu proyecto a muchas personas que vienen de horizontes muy diferentes y este ecosistema te permite validar ideas diversas

Como muchos, Vincent Rosso, cofundador de BlaBlaCar España y Consentio -y miembro de Impact Hub Madrid entre 2010 y 2018- pretendía reorientar su trayectoria en un contexto de crisis económica, en el que “el modelo corporativo ya no resultaba tan sólido” y que a él no le hacía tan feliz como antes. “Con la llegada de mi hija, buscaba otro estilo de vida: organizar mi tiempo y aprovecharlo en algo con sentido. Perseguía un balance entre lo personal, lo empresarial y el impacto”. Aquel garaje en la calle Gobernador de Madrid resultó el lugar ideal para su objetivo. “Impact Hub combina lo mejor de cada mundo: no estás solo, compartes con gente con los mismos problemas que tú, te puedes apoyar. Eso te aporta el marco para transitar entre lo corporativo y el emprendimiento”.

Vincent recuerda que, al principio, el apoyo era más personal; gente con la que conectaba y le ofrecía una silla y un café. Poco a poco, pertenecer a la comunidad le brindó acceso a los medios que visitaban el espacio. “Fue una oportunidad para explicar mi proyecto y ganar visibilidad mediática”. En aquella época, BlaBlaCar Francia ya funcionaba, pero la responsabilidad del desarrollo en España de la aplicación que conecta conductores con pasajeros recaía plenamente en él. “Tenía que buscarme la vida”.  

Laboratorio para desarrollar empresas

A pesar de las caras de extrañeza cuando hablaba de compartir coche, aprendió a explicar su proyecto, a encontrar las palabras para que lo entendieran. “Lo cuentas a muchas personas que vienen de horizontes muy diferentes y ese ecosistema te permite validar ideas diversas. Impact Hub fue mi laboratorio para que el discurso tomara forma”.

Tras esa experiencia, el emprendedor, inversor y mentor critica cómo muchas empresas ponen paredes para proteger la información y se aíslan en los despachos. “Ese aislamiento te impacta negativamente, te limita, no te abre al mundo. El espacio abierto te obliga a tener confianza en ti mismo. Poco a poco, te das cuenta de que no es tan importante lo que estás haciendo sino compartirlo con los demás porque pueden aportar ideas”.

Una década después, cuando aquella idea de ride sharing se ha convertido en una empresa consolidada, asegura que el espíritu se mantiene vivo. “Los valores se quedan: cómo te relacionas con tus compañeros, el cariño que los fundadores aportan a la idea. Puede cambiar todo, pero si la cultura cambia, la empresa no se mantiene”, subraya. Su pasión por aprender y por la disrupción le animó en 2017 a fundar con un socio Consentio, una plataforma digital para el comercio B2B (Business to Business) en el sector de frutas y verduras. En esta nueva aventura, la pauta que intenta seguir es la misma que recomienda a nuevos emprendedores: dormir, invertir en talento y compartir valores con los socios.

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