Y así, sin más, nos cambió la vida…

Llegó el coronavirus y tomamos conciencia de la fragilidad de lo que consideramos nuestra vida cotidiana, la realidad que vivimos como estable y permanente. Y no por una experiencia individual, de esas que decimos que ha cambiado “mi” vida. Es una experiencia colectiva, mundial, que pone en evidencia nuestra interdependencia y que nos confirma que solo desde la colaboración, en comunidad, es posible encontrar las respuestas.