Federico Buyolo frente a los ODS: «La ciudadanía tiene que ser exigente, pero también proactiva»

La Bolsa Social organizó recientemente una jornada en nuestro espacio Gobernador. La idea de la plataforma de inversión con impacto social positivo era profundizar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, conocer más a fondo la Agenda 2030 y responder con la ayuda de expertos a la pregunta “¿qué podemos hacer nosotros?”.

Durante el encuentro, tuvo lugar una conversación entre Federico Buyolo, director del Alto Comisionado para la Agenda 2030 de España, y Antonio González, CEO de Impact Hub Madrid. Reproducimos a continuación un extracto de su diálogo.

Antonio González: Director de la Oficina del Alto Comisionado para la Agenda 2030 del Gobierno de España. ¿Es así? ¿Qué es eso de “alto comisionado”, para entenderlo?

Federico Buyolo: La verdad es que es complicado hasta para nosotros a veces. Un Alto Comisionado no es un órgano administrativo. Dependemos orgánicamente del Ministerio de la Presidencia pero funcionalmente lo hacemos del presidente del Gobierno. Los Altos Comisionados son iniciativas especiales sobre temas concretos que el presidente del Gobierno lidera. En esta legislatura (XII) se han montado dos. Uno sobre pobreza infantil, uno de los grandes problemas que tenemos en este país y que se ha estado negando. Pero hemos llegado a cuotas de casi un 40% de pobreza infantil. Y otro que es la Agenda 2030, con el que se pretendía dar un impulso a este tema. Se creó en el año 2015 y durante 3 años el Gobierno anterior no había hecho muchos avances. Pero las empresas, la ciudadanía, las ONGD, los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas —a mí me pilló en una de ellas—, sí han trabajado esta agenda. Por ello, se requería crear un organismo que hiciera un papel similar al de Project Manager dentro de la Administración. O que incluso trabajara a modo de consultora, para alinear las distintas políticas del Gobierno en este tema, impulsar iniciativas en el resto de ministerios y alianzas entre agentes y actores de la Agenda 2030. Hay que entenderla, por cierto, como una agenda multiactor y multinivel en un estado desagregado y descentralizado como el nuestro. Era necesario un instrumento que fuera ágil, tanto que no teníamos presupuesto a la hora de actuar y transversalizar todas las políticas.

Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¿qué podemos hacer nosotros?

A.G. ¿Pero mandáis sobre los ministros o no?

F. B. (Risas) ¡Por supuesto! Fuera bromas, hemos encontrado una gran responsabilidad por parte de los ministerios. De hecho, se ha aprobado el grupo de alto nivel, que es el órgano de coordinación de las políticas públicas que depende de la Comisión Delegada de Asuntos Económicos. Empezamos con 3 ministros y 7 secretarios de Estado y ya vamos por 10 ministros y 20 secretarios de Estado. Gente que ha dicho “yo quiero estar ahí porque quiero estar tomando decisiones con vosotros sobre la implementación de la agenda”.

“Hemos encontrado una gran responsabilidad por parte de los ministerios. En el grupo de alto nivel, que coordina las políticas públicas, empezamos con 3 ministros y 7 secretarios de Estado y ya vamos por 10 ministros y 20 secretarios de Estado”.

A.G. Me parece muy bonita la imagen de Project Manager, una figura que pueda actuar con todos los ministerios de forma transversal. También, muy interesante por este concepto de los ODS como agenda multiactor y por el reconocimiento que está habiendo, por primera vez, por parte de muchos actores. Cada vez hay un mayor interés por estar ahí y por alinear los objetivos de las empresas con esta agenda.

Me gustaría que nos contaras la diferencia entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que parecían una cosa de las ONG, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que son herederos de los primeros pero también una convocatoria abierta a todos los sectores y actores. Esto me parece un salto cualitativo para crear una agenda en esta era de transición en la que estamos.

F. B. La diferencia más importante es que los ODM constituían una agenda de cooperación. Además, la configuración cambia. En el año 2000, cuando Kofi Annan plantea la necesidad de esta agenda, había 2 grandes problemas en el mundo: la desigualdad norte-sur y que no sabíamos cómo íbamos a alimentar, en el 2015, a los 7.000 millones de habitantes de la Tierra. Se planteó una agenda sobre cómo transferir esos fondos de norte a sur principalmente a través de gobiernos y ONGD. La agenda 2030 es completamente distinta. En el año 2013, cuando el nuevo secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, plantea la necesidad de una nueva agenda, diseña un gran proceso de participación para su definición. Los ODM se hicieron a través de 8 expertos. Pero en el caso de los ODS, se buscó que tuvieran voz las empresas, las universidades, la ciudadanía (se llevó a cabo una encuesta en la que se preguntó a 8 millones de personas en todo el mundo). Por cierto, un dato significativo es que en todos los perfiles, por edades, niveles educativos, género… pusieron como principal prioridad la educación.

Objetivos de Desarrollo Sostenible,_Federico Buyolo en Impact Hub Gobernador

Aquí en España se hizo una reunión de alto nivel sobre seguridad alimentaria, en la que yo estuve, en la que se trató como se iba a trabajar fundamentalmente el ODS 2 (hambre cero). La participación fue muy importante y en este proceso, por ejemplo, ya no se dividía a los países en 2. Eran todos países “en desarrollo”. Como España con sus cifras en aumento en desigualdad, que llegó al 39%, y que afortunadamente ahora está en torno al 22% en el último informe. Por lo tanto, era un problema de que era necesario tomar otra serie de medidas. Es una agenda de gobierno y de política, sin duda alguna. Pero, sobre todo, es una agenda de ciudadanía en la que todos tenemos un papel. Es significativo que hace 4 años 193 países llegaran a un acuerdo para cerrar esta agenda, que contiene 17 objetivos y 169 metas frente a los 8 objetivos y 70 metas de los ODM. Pero es que el mundo ha cambiado mucho. Yo siempre pongo el ejemplo de que en el año 2000, el problema tecnológico que teníamos era el “Efecto 2000”: se iban a caer los aviones, los cajeros automáticos iban a tirar el dinero, los ordenadores se iban a apagar… Y en 2015 ya hablábamos del internet de las cosas y la inteligencia artificial.

A.G. El mundo ha cambiado, sí. Principalmente se ha complejizado. Una complejidad para la que no es suficiente tener mecanismos verticales sencillos para gobernarla. Me parece interesante esta filosofía de construcción de abajo a arriba y lo que destacaba antes, la figura de gestión transversal, que es lo que intentamos impulsar desde las economías de impacto o la innovación social, que responden a problemáticas complejas y que hay que abordar de manera coparticipativa, colaborativa y compleja.

Volviendo a la ciudadanía, dices que es su agenda, pero todavía no sabemos si la ciudadanía sabe que tiene una agenda. Lo último que he escuchado es que solo el 40% de la población sabe lo que son los ODS. ¿Qué nivel de apropiación crees que tiene la ciudadanía?

F. B. Pues ojalá fuera ese 40%, pero no van por ahí los datos. Hemos hecho dos encuestas, una en enero y otra en febrero. En enero nos daba una cifra de conocimiento del 10,8% y en febrero, del 13,1%. Es un índice muy bajo. Hay datos a favor y datos en contra. En 2015 se hizo una encuesta sobre los ODM y solo lo conocía el 10% después de 15 años. Con los ODS llevamos 4 años y ya hemos superado esta cifra. Ya es algo. Pero también es cierto que el conocimiento es muy dispar. La ciudadanía “normal” no la conoce. Sin embargo, si vamos a determinados ámbitos económicos y de grandes empresas, todos los CEO del Ibex 35 tienen claro lo que es. A nivel de pymes, poco, y a nivel de universidades, algunas empiezan a despuntar, como la Universidad Politécnica de Madrid, la de Valencia, la Carlos III, Alicante, Córdoba. Todas las comunidades autónomas trabajan con ella y también muchos ayuntamientos. Hace 2 años iba a charlas en las que una de las primeras preguntas era “¿qué es eso de los ODS?”. Hoy ya no. Creo que vamos avanzando, pero todavía hay mucho por hacer.

A.G. A mí me llamó la atención que Cristina Gallach, la Alta Comisionada, es periodista y tú pedagogo. No sé si es casualidad o no, pero me pareció muy interesante y programático poner al frente a alguien que tiene una trayectoria en medios de comunicación y alguien con bagaje en pedagogía. Me parecen 2 palancas importantes.

Por otro lado, quería comentar que hay muchas iniciativas que se están desarrollando en torno a los ODS. Supongo que las tenéis mapeadas. Nosotros modestamente intentamos apoyar esa corriente de divulgación. Ahí hace falta a gritos una política de coordinación de esfuerzos y un espacio común para que no haya una miríada de proyectos sobre los ODS trabajando de manera inconexa y sin celebrar sinergias, cuando hacer una llamada a la coordinación entre actores podría generar una potencia muy significativa.

Objetivos de Desarrollo Sostenible, toda la ciudadanía está involucrada

F. B. Sobre la primera parte, es cierto que necesitamos trabajar mucho el tema de la información. Para mí hay 4 vectores fundamentales para la Agenda 2030 en esta fase. Informar, comprender lo que es, no es un plan estratégico, va más allá del que sería el tercer vector que es la interrelación entre las diferentes metas y objetivos. El cuarto es el más importante: generar alianzas. Esto es lo más complicado, que distintos actores y agentes trabajen juntos.

Imaginaros una reunión entre el presidente del Gobierno, el alcalde de un pueblo pequeño, el presidente de una ONGD, un ciudadano y un empresario. Todos somos necesarios para que la agenda sea efectiva, aunque unos tenemos más responsabilidades o posibilidades que otros. Yo he discutido mucho sobre esto y en Valencia fuimos de los primeros en tener una estrategia de desarrollo sostenible. Y después, hemos visto cómo se ha ido haciendo en cada Comunidad Autónoma, con sus diferentes planes. Al principio yo también pensaba en si eso se iba a traducir en multitud de acciones, pero yo soy un enamorado de los modelos de cooperación blanda. Yo no le voy a decir a nadie cómo lo tiene que hacer. Desde mi punto de vista, hay unos objetivos y una visión conjunta, cada uno tiene capacidades y agentes determinados, y a partir de ahí decide cuáles son los fines del programa que va a desarrollar.

Cada uno tiene que ser capaz de avanzar en torno al lenguaje universal que es la Agenda 2030. Voy a contar un caso de Málaga. Tras un encuentro, una chica me dijo que trabajaba con niñas maltratadas y que no veía cómo relacionar su labor con la agenda. Me contó detalles y nos dimos cuenta que ya tocaba los ODS 2, 5, 8, 16 y 17. Y otra situación. Hace poco estaba en Valencia con unas empresas, cada una contando su visión de los ODS. Hubo una que defendió que trabajaba en el ODS 2 y bueno, lo hacía muy tangencialmente. Pero otra contó que tenía un proyecto súper chulo con ISO 3000 y 7000 y otras certificaciones. Nadie entendía lo que estaba haciendo pero este lenguaje universal que te decía nos permite conectar todo lo que se trabaja.

Una de las cosas de las que me encargo como Alto Comisionado es precisamente de eso, conectar. Bajamos a nivel de metas y el siguiente paso será llegar al de indicadores. Estamos ya en ello con el Instituto Nacional de Estadística. De pronto, descubrimos que había 8 ministerios haciendo cosas relacionadas con el ODS 16 de Justicia y Paz. Hemos escarbado para conocer los detalles y decirles que esta agenda también va de cambiar los modelos. Es una agenda de transformación.

“Para mí hay 4 vectores fundamentales para la Agenda 2030 en esta fase: informar, comprender lo que es, interrelacionar metas y objetivos y generar alianzas”.

A.G. Muy interesante el tema de convertirlos en un lenguaje de intercambio y conexión para que de una reunión como la que hemos imaginado, todos se entiendan y cada uno conozca sus deberes.

F. B. Pero de ahí sacamos los deberes. Hemos montado un Consejo de Desarrollo Sostenible en el que hay 50 organizaciones de la sociedad civil, sin la Administración. Esto me costó, pero me costó más convencer a algunas ONGD de que esto no se trata de irnos a quejar a alguien, sino de hacer algo en común y de cómo vamos a trabajar desde sus aportaciones. Pero también de cómo lo que hacemos el resto va a servir para que tú, plataforma del tercer sector, por poner un caso, desarrolles acciones con tus organizaciones asociadas.

A.G. Y desde la responsabilidad de cada uno de nosotros, que ahí es donde aparecemos los ciudadanos. ¿Qué podemos hacer nosotros, los ciudadanos de a pie, en nuestra faceta particular? ¿Cómo podemos activarnos?

F. B. Es una pregunta súper interesante. Hace poco iba en un taxi y le contaba al conductor lo que veníamos haciendo. “Ostras, eso está muy chulo. ¿Y por qué no se lleva a cabo?”, dijo. Llevo años preguntándome por qué sabiendo las soluciones, no se aplican. Pero claro, es que los ciudadanos también tenemos nuestra responsabilidad. Y parte de la solución. Yo creo en el empoderamiento de la ciudadanía, pero ante esta duda… Primero, tenemos ya el conocimiento, sabemos lo que va a pasar mañana si no tomamos determinadas decisiones. Y segundo, podemos tomar ya esas decisiones para dirigir y no esperar. La sociedad la construimos nosotros.

“Tenemos la capacidad de cambiar las cosas. Y si todavía tenemos dudas de si como ciudadanos y ciudadanas tenemos ese poder, basta con abrir un periódico digital o YouTube y poner ‘Greta’”.

Dos ejemplos. Trump llega a la COP21 y dice que no va a cumplir con los acuerdos sobre el clima que había firmado Obama. Al mismo tiempo, los alcaldes de Nueva York o San Francisco piensan: “tú haz lo que quieras, que nosotros vamos a cumplir”. Va al G8 en Canadá y veta un acuerdo ligado a la Agenda 2030 y COP21. Hay una norma no escrita que dice que si un miembro se niega, no se lleva. Pues Justin Trudeau, presidente de Canadá, decide que no pasa nada, que será un acuerdo del G7 más y que si Estados Unidos no quiere firmarlo, nada cambia. Ya no todo se hace en base a alguien, por muy poderoso que sea. Tenemos la capacidad de cambiar las cosas. Y si todavía tenemos dudas de que como ciudadanos y ciudadanas tenemos ese poder, basta con abrir un periódico digital o Youtube y poner ‘Greta’. La que ha liado una niña de 16 años con síndrome de Asperger…

Tenemos el conocimiento y algo más importante, una agenda que une lo que yo hago con el de Austria y Alemania, y con una ONGD local y La Bolsa Social, aquí. Construimos en base a algo. Nadie viene a decirnos cómo se aplica esto. Nosotros nos adelantamos. Yuval Noah Harari dice que la única constante que vamos a oír a partir de ahora es el cambio y que, por lo tanto, estemos ojo avizor de lo que tenemos que hacer y cómo. Hoy poseemos las herramientas para saberlo y también para exigir. Yo creo en una ciudadanía que tiene que ser exigente, pero también proactiva.

A.G. Y ahí hay muchos roles. Está el de consumidor, el de inversor, el de padre… ¿Y tú, Federico? Tu trayectoria está entre dos mares. Uno es la educación, tu actividad investigadora y universitaria, y otro la fuerte vertiente política desde hace años. ¿Te sirve la pedagogía para lo que haces o la tienes ahí, a tu lado?

F. B. Para mí la pedagogía es la base de lo que hago. Yo no entiendo la política sin la pedagogía. Algunas veces he intentado desligarla, pero al final me sale esa vena, es lo que entiendo. Siempre me acuerdo de Rubalcaba diciendo “hay que hacer más pedagogía política” y yo estaba en el Congreso pensando “¡A mí nadie me ha llamado y yo soy político y pedagogo!”. Es necesaria esa vertiente.

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