Coworking con propósito

27.Abr.2020

Según el día, el bizcocho lo hago feliz, triste o enfadada

El confinamiento nos ha arrinconado con nosotros mismos y nos ha abierto una puerta a reconocer nuestras emociones y hablar de ello. Estamos ante un laboratorio para explorar formas de comunicación más fundamentadas en la escucha consciente, la empatía y la diferencia.
Confinamiento-cocinando

Recuerdo allá por 2019, parece que fue hace años el 2019… Por aquel entonces era parte del equipo de Proyectos de Impact Hub Madrid y recuerdo un día en concreto en el que debatíamos con una compañera y amiga acerca de la expresión de nuestros estados emocionales en el entorno laboral, e incluso en el personal. Y en la posibilidad de estar bien y seguir con tus actividades y objetivos y, al mismo tiempo, tener el día “raro” y contarlo. 

En los últimos días, una vez que ha pasado la etapa de shock y nos hemos adaptado a esta nueva “manera de vivir”, empiezo a escuchar cada vez más conversaciones acerca de estados de ánimo y toma de decisiones con respecto a dinámicas de nuestro entorno habitual. 

De la noche a la mañana, nos sacan de nuestro ritmo hiperestimulado y nos encierran con nuestras fortalezas, debilidades y decisiones.

El confinamiento nos ha arrinconado con nosotros mismos. De la noche a la mañana, nos sacan de nuestro ritmo hiperestimulado y nos encierran con nuestras fortalezas, nuestras debilidades y nuestras decisiones. 

Y mira que intentamos no hacernos frente con fiestas online, comidas online, conciertos online, películas online, deporte online, manualidades online, recetas online… Pero son circunstancias tan extraordinarias e intensas que, por mucho que corramos, siempre nos alcanzarán. Y es que no estamos preparados. Nadie nos dijo que tendríamos que pasar el 17% del año 2020 con nosotros mismos y nuestros enfados, dudas, nostalgias, cobardía, seguridad, energía, debilidad, creatividad, cansancio, irritabilidad, sueños, frustración, alegría, faltas, etc., etc. 

Rara es la vez en la que nos atrevemos a darnos cuenta de ciertos estados y de verbalizar cómo nos sentimos y cómo nos obligamos, como sociedad, a guardar esa falsa felicidad colectiva, denominándola “saber estar”. Contar a los demás, de forma sincera, cómo nos encontramos no es una tarea fácil. Tanto para el que emite su estado de ánimo como para el que lo recibe. Siendo, la mayoría de las veces, el oyente el más torpe de la conversación. No estamos educados para eso. 

 

El lado positivo del confinamiento

Pero la excusa del confinamiento nos ha abierto una puerta a la honestidad, al reconocimiento y compartir de emociones. Nunca he escuchado hablar de forma tan abierta de nuestros estados emocionales como en las últimas semanas y todo gracias a la excusa del confinamiento. Hay momentos en los que estamos enfadados, por el confinamiento; tristes, por el confinamiento; ansiosos, por el confinamiento; aburridas, por el confinamiento; creativos, por el confinamiento; generosas, por el confinamiento; rabiosos, por el confinamiento; decepcionadas, por el confinamiento y así sucesivamente, por el confinamiento. Y si bien es cierto que el confinamiento no es natural y pensar en la situación mundial asusta sin siquiera abrir el periódico, los estados que estamos viviendo de forma más íntima no son nuevos y siempre estuvieron allí, son parte de nuestra naturaleza humana.

Llamada confinamiento

Alguien alguna vez nos contó que no estaba bien visto visibilizar nuestros estados de ánimo. “Nos hace débiles”, nos cuentan. “Nos hace vulnerables”, nos dicen. “Nos pierden el respeto”, nos reiteran. Pero para mí es algo que nos hace humanos y al final de eso tratan las pandemias: de seres humanos. 

Y, gracias al confinamiento, nos estamos armando de paciencia y escucha con los estados de los que nos rodean. Estamos en medio de una larga convivencia sin grandes escapatorias y estamos aprendiendo a poner nuestros límites e identificando qué es lo que está bien y qué es lo que está mal bajo el criterio del daño: nos hace daño, no nos hace daño. Y es con esta simplicidad y honestidad como vamos avanzando y construyendo nuestras normas de convivencia, tomando como base las especificidades de cada uno y el respeto. 

¿Es sostenible? Seguramente no, pero sí es un buen laboratorio para ahondar en formas de comunicación más fundamentadas en la escucha consciente, la empatía y la diferencia.

Según la RAE, la segunda aceptación de la palabra confinar es “recluir algo o a alguien dentro de límites”. Y, si es cierto que la mayoría estamos más encerrados físicamente que nunca, también estamos más libres que nunca en cuanto a la exploración y reconocimiento de nuestras emociones, de nuestros fantasmas, de nuestras faltas, de nuestras virtudes y de las personas que realmente nos importan y nuestra interacción con ellas

Yo hoy estuve enfadada, triste y feliz en diferentes momentos del día, y además cociné, impartí una clase, hablé con las amigas, leí y miré un ratito el techo. 

Ojalá nos haya dado tiempo a crear el hábito de este tipo de comunicación una vez acabe la cuarentena.

El individuo como actor de cambio social

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Sonia Pérez Olmedillo
Sonia Pérez Olmedillo

Actriz y licenciada en Ciencias Ambientales. Cuenta con un máster en Gestión Internacional de Empresas. Despúes de trabajar como gestora de proyectos en Indonesia y Panamá, regresó a España en 2017 y se incorporó al equipo de Impact Hub Madrid coordinando los proyectos GIRA Mujeres y GIRA Mujeres Weekend de Coca-Cola. A finales de 2019 decide "independizarse" para diseñar y gestionar proyectos que vinculen el arte, la comunidad y el entorno y para impulsar Teatro de la Riada, compañía teatral que lleva a escena textos inéditos o poco representados escritos por autoras iberoamericanas.

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