Ambiciones imposibles: el medio ambiente es cultura

De izquierda a derecha, Rémi Parmentier (Varda Group), Sara Acosta (Ballena Blanca) y Eugenio García (Light For Humanity).
De izquierda a derecha, Rémi Parmentier (Varda Group), Sara Acosta (Ballena Blanca) y Eugenio García (Light For Humanity).

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Esto es un nuevo episodio de Historias de Garaje, una serie para Impact Hub Madrid del Proyecto Co. Diez historias personales en torno al emprendimiento y la innovación social, que nos permiten recorrer los 10 años de Impact Hub en Madrid desde sus inicios en un antiguo garaje de la calle Gobernador.

Con la crisis climática ocurre igual que con la COVID-19: la gente no reacciona hasta que lo ve. Los científicos llevaban alertando de pandemias relacionadas, por ejemplo con la destrucción de la biodiversidad mucho tiempo, pero aún así no nos preparamos. De la misma manera que los científicos alertaban de esto y está sucediendo, va a llegar un momento en que los efectos sean muchísimo más devastadores de lo que estamos viviendo en la actualidad. Tenemos que hacerle caso a la ciencia. 

En estos últimos años se han visto avances. Hace 5 años ocurrieron dos hechos significativos: la adopción de la Agenda 2030 con los contundentes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la adopción del Acuerdo de París. Estos compromisos evidentemente son el reflejo de la comunidad internacional. Esto no es suficiente, pero son hitos que marcan la intención de proteger el planeta. También vemos cómo algunos grupos de la sociedad civil toman el liderazgo para proteger el medio ambiente y frenar la crisis climática. Estos grupos persiguen estas ambiciones que, por muy imposibles que parezcan, requieren de personas que luchen por ellas. Cuantas más personas se sumen estas ambiciones aparentemente imposibles, más probabilidad tendremos de hacerlas realidad. 

Necesitamos crear una cultura medioambiental. El medio ambiente no se considera cultura. Se considera como algo ajeno a la especie humana. Lo que comemos, lo que respiramos, los lugares a los que vamos o la estética de lo que vemos es cultura. El medio ambiente es cultura.

Si logramos integrar la faceta ambiental en nuestra cultura, generaríamos un efecto en cadena que realmente cambiaría las cosas. Eso requiere que, como humanos, empecemos con humildad para asumir que no somos más que un ave o más que un árbol. Por lo tanto, nuestro derecho a ir en coche, no es mayor que el derecho de un animal a volar o a correr. 

Conversamos con Rémi Parmentier, veterano del ecologismo y director de Varda Group, Sara Acosta, fundadora de Ballena Blanca y Eugenio Garcia, fundador de Light For Humanity.  Debatimos en torno a la evolución de la situación del clima en los últimos 5 años, sobre la importancia de las ambiciones imposibles, discutimos qué podemos hacer como sociedad civil para poner al ambiente en el centro y mucho más.

Produce: Efecto Colibrí

Transcripción

¿Cómo ha evolucionado la situación de la lucha por la defensa del medio ambiente en los últimos cinco años?

Eugenio: En 2017, cuando estaba dando la vuelta a España en una bicicleta solar, me sentía un poco frustrado. Cuando apareció Greta con esa ola de Fridays for Future y Juventud por el Clima pude respirar. También fue cuando se abolió el impuesto al sol nacional aquí en España que también pude respirar un poco. Cuando Europa lanzó esa directriz que decía que el autoconsumo era un derecho que los Estados miembros no podían penalizar entonces ya pude empezar a quitarme esa mochila que tenía encima como ingeniero de la energía. Es verdad que yo creo que el cambio climático es un reto especialmente complejo porque es algo que vemos venir y que anticipamos como sociedad gracias a los científicos.

Pero el ser humano nunca ha sido capaz de prever un daño hasta que ha ocurrido.

Es complejo que la sociedad entienda que somos capaces de prever en cierta medida lo que va a ocurrir y que conviene ponerse a trabajar ahora antes de empezar a coser las roturas. Es mejor prevenir y reforzar. Creo que todavía nos queda mucho camino por recorrer pero es verdad que se aprecia una evolución.

Sara: Yo creo que se ha afinado el sentido crítico de la gente. No creo que pueda hablar de la gente en general, no creo que como sociedad exista ese sentido crítico, pero sí creo que determinados colectivos están más abiertos y atentos al cambio climático.

Desgraciadamente todavía existe una tremenda desinformación y muchísimo ruido.

Las famosísimas fake news son el gran problema y desde mi punto de vista nublan el sentido crítico de la mayoría de la sociedad. También percibo que se ha llegado a un punto en el que nadie confía en nadie y ese es un tremendísimo problema para un reto tan grande como es la crisis climática. Es un fenómeno global pero esa información, que es lo que hace que uno pueda hacer cosas, no llega igual a todas partes. Afortunadamente en Europa ha cambiado algo importante y es que no veo que exista la negación climática; ésta se ha quedado en EEUU donde la industria del petróleo y del gas es alucinantemente poderosa.  Lo que sí existe en Europa y España es la desinformación. 

Con la crisis climática ocurre igual que con la COVID-19: la gente no reacciona hasta que lo ve. Los científicos llevaban alertando de pandemias relacionadas, por ejemplo con la destrucción de la biodiversidad mucho tiempo, pero aquí nadie estaba preparado. De la misma manera que los científicos alertaban de esto y está sucediendo, va a llegar un momento en que los efectos sean muchísimo más devastadores. Tenemos que hacerle caso a la ciencia. 

Creo que lo que empieza a haber es un cambio de cultura. Ahora con el virus se habla de la nueva normalidad. A mi me parece que es hacia otra cosas distinta hacia lo que estamos yendo como sociedad. Ahora  tenemos que gestionar una pandemia y cambios de hábitos. Al igual que la COVID-19, la crisis climáticas también va a obligar a un cambio de cultura. Creo que con la crisis climática, como en la crisis del virus, se van a perder y se van a ganar cosas. Es una transformación. El tema es cómo se relata esta transformación. Debe haber un cambio en lo que y cómo comunicamos. 

Rémi: Hace exactamente 5 años ocurrieron dos hechos significativos: la adopción de la Agenda 2030 con los famosos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la adopción del Acuerdo de París. Estos compromisos evidentemente son el reflejo de la comunidad internacional. Evidentemente si me preguntas si es suficiente te diré que no, pero la realidad es que es el tablero que tenemos y sobre este marco de ajedrez tenemos que jugar. A mi me gusta decir este hombre de 63 años que veis empezó a la edad de Greta en 1974. Sara habló del ruido de fondo, todo el mundo habla a su manera del medio ambiente y yo soy muy consciente que de cierto modo yo fui privilegiado porque empecé a hablar de medio ambiente cuando casi nadie hablaba de medio ambiente. Cuando éramos mucho menos, era mucho más fácil marcar la diferencia porque nuestra voz era rompedora.

Y me doy cuenta que las generaciones más jóvenes tienen el desafío de cómo posicionar en la agenda el cambio climático (y posicionarse encima del ruido del fondo). 

Eugenio habló de actuar de manera anticipada. El año que viene tenemos la oportunidad de sacar lecciones sobre el acuerdo que prohíbe la explotación minera en la Antártida que fue adoptado en Madrid hace justo 30 años. Esta experiencia de proteger la Antártida entra en la categoría de lo que llamo las ambiciones imposibles.

Cuando empezamos a hablar de proteger la Antártida pues en el mejor de los casos, los gobiernos nos decían “buenos chicos, buenos chicos”. No nos tomaban en serio. Y yo espero que 2021, el aniversario de esta ambición imposible, sea la oportunidad de pensar en nuevas ambiciones imposibles que podríamos tener delante de nosotros de cara al futuro. 

¿Cuáles son vuestras ambiciones imposibles?

Eugenio: En particular yo tengo la ambición imposible de acabar con el queroseno en el Amazonas. Hay 5 millones de personas que utilizan a diario diésel, gasolina y queroseno para tener una pequeña iluminación y eso es uno de los retos que creo que vamos a conseguir antes del 2028. Otra ambición imposible que tengo es acabar con los barcos a gasolina y a diésel en este caso en el Amazonas. La idea es introducir llevar la energía sostenible a la movilidad dentro de las amazonas. Mi ambición imposible es que la gente entienda que las personas que viven en el Amazonas son los mejores guardianes frente a los incendios y a la deforestación ilegal del pulmón del planeta.

Cuidando a las personas se puede cuidar el medio ambiente. 

Como ser humano tengo la ambición de que el cambio climático afecte lo menos posible a las personas que más lo van a sufrir. Los que más van a sufrir el cambio climático son aquellos que menos recursos tienen para paliar sus consecuencias. Entender como sociedad que muchas personas son más vulnerables que nosotros y que tenemos que actuar en ellas es otra ambición imposible que creo que necesitamos. 

Igual que después de la Segunda Guerra Mundial se creó la ONU, creo que después del cambio climático se creará una organización por encima de los 195 Estados que hay en el mundo, que sea capaz de garantizar la sostenibilidad de la especie a nivel energético y medio ambiental. 

Creo que la gran ambición imposible, la sostenibilidad climática, es una ambición que no vamos a conseguir porque es una cuenta atrás. Es un cronómetro: como si en julio del año pasado nos hubieran dicho que iba a venir un virus y que contábamos con 6 meses para organizarnos y vencerlo. 

Sara: Mi ambición imposible es generar como sociedad una cultura ambiental. El medio ambiente no se considera cultura. Se considera y se sigue viviendo como algo ajeno a nosotros como especie humana. Creo que si como sociedad conseguimos considerar todo lo que tiene que ver con el medio ambiente: lo que comemos, lo que respiramos, los lugares a los que vamos o la estética de lo que vemos es cultura. El medio ambiente es cultura. Igual que una obra de arte o nuestra manera de trabajar.

Si logramos integrar la faceta ambiental en nuestra cultura, generaríamos un efecto en cadena que realmente cambiaría muchísimas cosas.

Eso requiere que, como humanos, empecemos con humildad para asumir que no somos más que un ave o más que un árbol. Por lo tanto, nuestro derecho a ir en coche, no es mayor que el derecho de un animal a volar o a correr. 

Rémi: Una asignatura pendiente es poner control sobre la publicidad: uno de los motores de la insostenibilidad de nuestras pautas de consumo y de producción. Veo que ahora se empieza a pensar de esta manera, porque la publicidad nos está manipulando y es una de las causas del descontrol ambiental. 

Sara: Los mensajes que tu consumes son fundamentales, porque si te los crees, tenemos un problema. El lavado verde (Green Wahsing) es algo que roza lo obsceno. El gran problema de los medios ahora es que muchos aceptan algo tan viciado como el contenido pagado. Muchas marcas pagan por un contenido para que diga lo que su dinero marca. La mayoría de la gente no sabe diferenciar entre lo que es verdad y lo que es mentira. El hecho de generar información ya no es suficiente: es importante transparentar que muchas de las noticias que leemos han sido financiadas por marcas. El medio ambiente es de los pocos sitios que quedan muy atractivos para las marcas para poner en valor su responsabilidad social; y la mitad de lo que se dice es mentira. 

¿Cómo impacta el formar parte de una comunidad como Impact Hub Madrid en la materialización de vuestras misiones imposibles?

Sara: Nuestra relación con el Impact Hub Madrid ha sido sobre todo organizando actividades en conjunto. La principal fue una sesión de economía circular con dos personas que nos parecieron muy interesantes para enseñarle a la gente qué significa esa palabra concreta que nadie comprende. Invitamos a uno de los fundadores de Fair Phone, quienes están transformando la cultura a través del teléfono móvil. La otra persona trabaja en un instituto de diseño y le han dado una vuelta a la luz. En vez de comprar bombillas de tira y pon, te ofrecen un servicio para que nunca tengas que volver a comprar una bombilla. El encuentro fue genial: sirvió a muchísimas personas a descubrir nuevas formas de consumir. La colaboración con Impact Hub fue muy positiva porque nos ayudó a transmitir algo que es muy importante para nosotros y además es útil.

Eugenio: Yo conocí el Impact Hub cuando acabé de dar la vuelta a España en bicicleta solar y dije:

"¿Por qué no habré conocido este espacio antes?" Me vi rodeado de una comunidad de pares. De gente que pensaba parecido a lo que yo tenía en la cabeza.

Estoy super agradecido de haber podido encontrar a las personas adecuadas en sus espacios. También hemos hecho encuentros sobre consumo responsable a los que muchas personas con inquietudes similares acudían. Es un orgullo formar parte de esta tribu. 

Rémi: Mi experiencia es un poco distinta, porque fue hace más de 10 años. En ese momento yo ya tenía la edad de los padres de muchos de los jóvenes que estaban en el Hub. Para mí fue muy interesante la interacción con estos jóvenes que querían cambiar su mundo y el mundo. Fue un placer compartir mis anécdotas sobre los primeros tiempos de la lucha ambiental con estos jóvenes. 

Y quiero terminar con una historia positiva. Hace 40 años yo estaba detenido por la armada española en el Rainbow Warrior por haber parado unos barcos que cazaban ballenas para vender su carne a Japón. Entonces, la Armada Española protegía a los cazadores de ballenas y metían presos a las personas que las protegían: la tribu de Greenpeace. Hoy en día esto ha cambiado: la Armada Española meterá presa a los cazadores de ballenas y colaborarán con los barcos que luchan para mantenerlas vivas.

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