Innovación y emprendimiento

03.Mar.2020

Impact Gender: ponte las gafas moradas

¿Puedes nombrar cinco directoras de cine seguidas? ¿Te has planteado por qué no sabes quién inventó la programación informática (1), pero conoces vida y obra de los magnates de Microsoft y Apple? Si te decimos “piloto”, ¿piensas en una mujer? ¿Te has planteado por qué hablamos de “malas madres” y de “padrazos”? ¿Te sorprende saber que dos tercios de las personas analfabetas en el mundo son mujeres?

No interesa tanto la respuesta a estas preguntas sino por qué es necesario plantearlas. Es el machismo y está en todas partes. Si eres capaz de percibir que algo no encaja, vas por el buen camino. La desigualdad de género, es decir, “las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres” (2), está tan arraigada en nuestras sociedades que convertimos en “normal” lo intolerable.

Detectar estas desigualdades no es cosa de un día; es un proceso, un aprendizaje continuo en el que cada cual tiene un despertar de conciencia propio. No pueden cambiarse siglos de patriarcado con dos sesiones o un curso online, pero sí podemos aprender a incorporar la perspectiva de género prestando atención a nuestro alrededor.

Por eso a menudo usamos la imagen de lasgafas violeta, porque son una metáfora muy sencilla pero muy efectiva para explicar el filtro a través del cual detectamos la desigualdad. Son las gafas que nos permiten darnos cuenta de que la “neutralidad” es una quimera: la vida -el trabajo, la vida personal, la salud, el ocio, la cultura- no es ajena al género, es decir, a las características sociales y culturales que se atribuyen a hombres y mujeres y que reproducen desigualdad.

Cuando te pones esas gafas, no puedes creer la cantidad de situaciones que detectas, que antes las pasabas por alto o, simplemente, eran tan habituales que aceptabas la norma como válida. El siguiente nivel es querer cambiar el status quo.

Ahora bien, usar las gafas también puede ser incómodo, porque toda desigualdad implica tomar conciencia de que hay una parte privilegiada y otra que está en desventaja. Y eso escuece. ¿Probamos?

Un ejemplo recurrente es un panel de expertos, una ponencia, una mesa redonda, o un coloquio. Sin gafas violeta, verás un elenco de respetables eminencias, pero con las gafas puestas verás a muy pocas mujeres (incluso a ninguna). O peor, comprobarás que han sido relegadas al panel de “mujeres que hablan sobre el tema”.

¿De verdad no había nadie a quien llamar? Puedes conformarte con esa explicación, pero sabes -y esas gafas no te engañan- que existen muchos talentos femeninos ahí fuera, pero no estaban los primeros en la agenda de contactos, ni en los grandes galardones, ni en el lineup de los festivales. Y lo que no se ve, lo que no se representa, no existe.

Las niñas, a partir de los seis años, dejan de tener vocaciones de liderazgo, científicas, o tecnológicas.

Otro escenario clásico es la conciliación: ¿quién no valora que su organización o empresa cuente con algunas buenas medidas para hacernos la vida más sencilla? Permisos, excedencias, jornadas flexibles e incluso hasta teletrabajar, pero con las gafas puestas, reparamos en que la gran mayoría de reducciones de jornada las solicitan tus compañeras, o en que las excedencias para cuidar de un familiar enfermo también son cosa de ellas, con la “carga mental”(3) que ello conlleva. Con ese panorama, promocionar en la organización o simplemente, emprender cualquier proyecto, se vuelve una misión bastante complicada. Y si no hay un acceso igualitario a las tareas y al cuidado (4), tampoco lo hay a las oportunidades ni a los recursos.

El emprendimiento, obviamente, tampoco es neutro. Una persona puede tener una buena idea de negocio, talento, actitud, y hasta la fórmula perfecta: y sin embargo, aunque las mujeres emprenden más que los hombres, tienen mucho más difícil conseguir financiación. (5) De nuevo, pongámonos las gafas. No hay casualidades, sino estadísticas: los estereotipos pesan a la hora de invertir en un proyecto firmado por mujeres, porque el éxito se sigue escribiendo en masculino.

Por eso las niñas, a partir de los seis años, dejan de tener vocaciones de liderazgo, científicas, o tecnológicas. (6) Apenas el 19% de las CEOs de startups españolas son mujeres, y sin embargo, mirando a nuestro alrededor ¿cuántas compañeras soportan el peso cotidiano del equipo? He ahí la importancia de los referentes y del acceso a los espacios donde se toman las decisiones, pues quien no está en la mesa, no puede defender sus intereses, cerrar las brechas profesionales y romper los techos de cristal y los suelos pegajosos que limitan las oportunidades.

Y si ya tuvieras las gafas incorporadas -o el machismo descartado, casi mejor- entonces, podemos hablar en serio. Lo que tienes puesto no son gafas, se llama perspectiva de género, y consiste en ser capaces de asumir que nuestras acciones -desde las políticas más globales hasta nuestras decisiones cotidianas- no son neutras al género y pueden generar desigualdad, y, al contrario, también pueden combatirla. Las epistemologías feministas llevan décadas desarrollando teorías, tácticas y herramientas para hacerlo.

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España se situaba como el país número 15 en el ranking internacional del índice del bienestar de la mujer, y sin embargo, seguimos teniendo enormes retos pendientes.

Entonces, ¿cuál es el siguiente paso? Actuar sobre ellas, y hacerlo con otros dos términos fundamentales que nos ha enseñado el feminismo: la transversalidad o “mainstreaming”, y la interseccionalidad. El primero significa que debemos tener en cuenta las desigualdades que existen y cómo corregirlas desde el momento en que arrancamos un proceso, porque no existen los parches, ni las soluciones rápidas.

La segunda palabra nos muestra que las desigualdades no actúan como compartimentos estancos: hay otras muchos condicionantes -sociales, económicos, territoriales, étnicos- que determinan las oportunidades de las personas. Y si no queremos dejar a nadie atrás, conviene tenerlas en cuenta.

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Los beneficios son muchos, pero no porque las mujeres jóvenes y sobradamente preparadas sean un nuevo nicho de mercado (como dicen el Banco Mundial), ni tampoco por la presión social, o por los documentales, o los dictámenes de la moda, o porque la corrección política así lo obligue; sino porque nos jugamos algo mucho más importante: la sostenibilidad de la vida. El tiempo de los “pactos entre caballeros” ha pasado, y también han pasado, por insostenibles, las formas de hacer y vivir que relegaban a las mujeres a los márgenes del poder, del conocimiento, de los recursos. Huyamos de discursos simples: no es que las mujeres seamos “más empáticas” por naturaleza, ni los hombres sean “más competitivos”, sino que durante décadas, se nos ha educado así.

El índice de bienestar de la Mujer, que publicaban el pasado otoño (2019) National Geographic y la Universidad de Georgetown (7), analizaba la integración, la seguridad y la justicia de las mujeres en el mundo. España se situaba como el país número 15 en el ranking internacional, y sin embargo, seguimos teniendo enormes retos pendientes, uno de los más urgentes el de la violencia machista, que se ha llevado por delante 55 vidas durante el año pasado y que solo puede combatirse en sociedades igualitarias.

Los detalles componen la generalidad. El machismo se erradica desde la base y en cualquier aspecto, por nimio que resulte. Tenemos la obligación social de usar estas gafas, de educar a nuestros hijos e hijas en la igualdad, de facilitar el acceso a los recursos y las oportunidades y de eliminar cualquier indicio de injusticia por razón de género con la que nos topemos. Especialmente en nuestra cotidianeidad.

Con gafas se ve siempre mejor.

[1] Por cierto, fue Ada Lovelace, y todos los años en octubre, en Medialab Prado, puedes celebrar el “Ada Day”. https://www.medialab-prado.es/actividades/ada-lovelace-day

[2] Así define la desigualdad en preámbulo de la LO 1/2004. Hay que leer los preámbulos de las leyes, que a veces dicen cosas muy bonitas.

[3] Sobre la carga mental: https://smoda.elpais.com/feminismo/carga-mental-tarea-invisible-recae-sobre-las-mujeres/

[4] He aquí las cifras: el 91% de excedencias no retribuidas por cuidado de hijos las piden las madres. Existe una brecha de género del 50 % en jornadas parciales. Las familias monoparentales con hijos están constituidas en un 85% por mujeres  y 56 % se encuentran en riesgo de pobreza.

[5] Informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) España 2018-19 .

[6] Que no lo decimos nosotras, lo dice la Revista Science: Gender stereotypes about intellectual ability emerge early and influence children’s interests

[7] National Geographic y el Instituto de la Mujer, la Paz y la Seguridad de Georgetown han colaborado para elaborar el índice de bienestar de la mujer (2019). Han analizado tres categorías generales y once subcategorías: Integración (el nivel de participación de la mujer en las oportunidades económicas, sociales y políticas de su país): representación en el gobierno, utilización de la telefonía móvil, empleo, acceso financiero y educación; Seguridad (sensación de seguridad y exposición a la violencia): violencia en el seno de la pareja, seguridad en la comunidad y violencia organizada; y Justicia (experiencia de discriminación formal e informal): costumbres discriminatorias, sesgo del hijo varón y discriminación legal.

Irene Zugasti & Julia López Varela
Irene Zugasti & Julia López Varela

Irene Zugasti
Trabajo con políticas públicas para la igualdad, investigo sobre violencia, seguridad y género, y conspiro en proyectos donde el valor público y la innovación vayan por delante. Soy politóloga, periodista y a ratos, si me dejan, escribo.

Julia López Varela
Soy consultora en proyectos de innovación social y cultural. También me dedico al diseño estratégico y a la formación, pero siempre introduciendo la perspectiva de género en los proyectos. Aprendo con Irene y juntas impartimos cursos y talleres de igualdad. Estudié derecho y economía, lo cual dice muy poco de mí, la verdad.

2 Comments

  1. TITIAK el 4 marzo 2020 a las 17:52

    Qué gusto leeros!
    Añadiría entre tanta necesidad la de visibilizar el acoso sexual laboral que vivimos y se invisibiliza para que no afecte a la cuenta de resultados, aislando y denostando a la mujer acosada. Yo lo viví en primera persona y, junto con 29 mujeres artistas, hemos usado el arte como herramienta para crear espacios de reflexión en torno a aspectos de la vida de la mujer normalizados, relaciones de poder y desigualdades. Estará hasta el 30 de marzo en el Palacio de Condestable (Pamplona). Podéis ver más aquí:
    https://www.instagram.com/_titiak/

    Muchas gracias a las 2!
    BRAVAS!



  2. Amaya el 4 marzo 2020 a las 17:55

    Me ha encantado cómo está escrito vuestro artículo. Claro, conciso y didáctico. Muchas veces las explicaciones sobre el porqué de las desigualdades de género se quedan en la superficie, en lo evidente, pero vosotras habéis hecho una exposición magnífica en mi opinión.



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