Pertenecer a una buena red al emprender es clave

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Hablamos con Pablo Santaufemia, cofundador de Bridge for Billions, un programa de incubación virtual para emprendedores en etapas iniciales.

Hoy en día Bridge for Billions es un caso de éxito que está ayudando a emprendedores a llevar sus proyectos al siguiente nivel. En sus inicios, cuando Pablo estaba estudiando en Estados Unidos, planteó que Bridge for Billions fuera un negocio. La mayoría de sus profesores y posibles inversores no veía el potencial de Bridge for Billions como negocio por pensar que estaban delante de una ONG. Se confirmaba que la mayoría de los proyectos innovadores suelen encontrar obstáculos en sus inicios.

En esta charla de Historias de Garaje, Pablo nos comparte qué le motivó a crear Bridge for Billions, los retos que enfrentó al principio cuando nadie confiaba en el potencial de su proyecto, y cómo conectar con la red de Impact Hub fue un punto de inflexión para él y para su negocio.

Produce: Efecto Colibrí

Transcripción

¿Cómo empezó Bridge for Billions?

Bridge for Billions empieza como un proyecto de Máster que hice en Estados Unidos, con la beca de la Fundación Rafael del Pino. Con la meta de resolver el problema que más rabia me daba (y que sigue siendo): el acceso a la oportunidad para tener control de tu desarrollo económico en el ámbito del emprendimiento.

¿Cuáles son los retos que enfrentaste tú como emprendedor?

Las primeras barreras las encontré en Estados Unidos. Entonces el primer reto fue que la gente no lo reconocía como un negocio. Yo estaba planteando Bridge for Billions como un negocio pero los profesores e innovadores veían una ONG, y yo les decía: “no, esto es un negocio, un gran negocio”.

Después, al no reconocerte como un negocio, tampoco reconocían la posibilidad de conseguir inversión. En muchos casos, en Estados Unidos es más fácil conseguir inversión en las fases iniciales, pero si la gente que te da la inversión no ve este potencial de crecimiento, es mucho más difícil conseguir financiación.

Afortunadamente teníamos acceso a formación, que es en parte la razón por la que existimos, para democratizar ese conocimiento y acceso a mentores, pero no tenía acceso a dinero para poder desarrollar el planteamiento que quería, conseguir desarrolladores que pudieran trabajar con nosotros/as.

Cuando empecé a hacer el producto mínimo viable (PMV), mis desarrolladores trabajaban como nosotros/as: gratis. Trabajaban uno o dos meses y les salía una oferta para irse a Twitter, o Facebook o Google, con un salario de 120.000 o 130.000 dólares. Con eso yo no podía competir. Entonces después de mucho tiempo y cuestionándome si yo no tenía que buscar trabajo y compaginar a tiempo parcial el lanzamiento de Bridge for Billions, decidí volverme a casa y a partir de ahí empecé.

Empecé en un ecosistema en el que yo era extranjero. Por más que yo haya nacido en Madrid, hasta los 16 viví aquí pero después me fui y volví a los 26. Por lo tanto, no tenía acceso a ninguna red, nadie me conocía, yo no conocía a nadie, no sabía muy bien cómo funcionaba el mundo empresarial en España. Para mí fue como empezar desde cero en un ecosistema que, por mucho que pareciera que fuera el mío, no lo sentía como mío al principio.

¿Cómo hiciste para empezar a conocer el ecosistema y crear estas relaciones?

Inicialmente aterricé en Madrid, justo cuando acababan de abrir Google Campus,. Ahí fue cuando conocí a Jaime, mi CTO. Los dos empezamos a trabajar, íbamos a diferentes eventos. Pero es verdad que no habíamos encontrado nuestro sitio ahí tampoco. Yo lo que necesitaba era una comunidad y acceso a clientes. De ahí no los conseguí.

Pasamos a otro lugar de trabajo que era el Madrid International Lab, del Ayuntamiento para empresas que se localizaban en Madrid. Y un día solicité un programa que se llamaba Impact Hub Scaling Program, que era para emprendedores que necesitaban acceso a clientes, a conexiones con inversores, al ecosistema de emprendimiento, con ciertas ayudas en lo legal, en la contabilidad.

Esto fue en noviembre de 2015. Las dos primeras personas con las que hablé fueron Almudena de la Mata y Mikel Oleaga, y a partir de ahí, tuvimos una primera entrevista y nos convertimos en miembros a finales de diciembre. Todavía recuerdo que la cena de Navidad ya la hicimos en el Hub. Yo estaba en el Hub de Alameda. En ese entonces sólo había dos Hubs, el de Gobernador y el de Alameda.

Igual que nosotros/as, creo que entraron dos o tres más, y caminamos juntos estos años y fue muy bonito, tanto por los miembros como el equipo: el equipo inicial del Hub era mágico. Te sentías como en casa, no por el espacio, sino por la gente. Nosotros/as en el equipo de Bridge éramos tres o cuatro personas. Todo el mundo se reía porque a las 13:00h comíamos juntos, mientras que el resto comía a las 14:00h. Fuimos generando esos hábitos, esa comunidad, emprendedores de otras empresas comían con nosotros/as, a veces salíamos juntos/as después de trabajar y a las 21:00h nos íbamos a tomar algo.

Algo que recuerdo con mucho cariño es que nos ayudábamos mutuamente. Alguien decía: “yo he hablado con esta persona, con este inversor, déjame que te conecte con tal cliente”, y nosotros/as desde Bridge, que nuestra meta es ayudar a emprendedores en fases iniciales, lo que vimos es que cada vez había más emprendedores de Impact Hub que entraban allí y que pasaban por el programa The Leap, de Bridge for Billions. Entonces casi que íbamos generando un pipeline de proyectos que pasaban por la incubadora de Bridge, estando dentro de Impact Hub. Sobre todo con el programa de Host de Impact Hub, en el que entran emprendedores en fases iniciales: nosotros/as les ofrecíamos el programa, conexiones con mentores, y también esa comunidad de recursos.

Fueron años muy bonitos y muy duros para mí como emprendedor pero me ayudó a conocer a muchos agentes del ecosistema. En ese entonces, la Fundación Ashoka estaba en el Hub y yo creo que incluso es la razón por la que yo soy Ashoka Fellow. No sé si quizás más tarde alguien me habría encontrado. Pero Tito Espinola de Ashoka, un día en la cocina del Hub, yo me estaba tomando un café cansadísimo y además frustrado porque no sé qué había pasado ese día, y él empezó a hablar conmigo. “Entonces Pablo: ¿tú por qué haces lo que haces?” y tal, me tiró de la lengua, y al rato me dice: “Pablo, me gustaría nominarte para Ashoka”, y a los nueve meses me nombraron Ashoka Fellow.

Tengo momentos muy bonitos en el Hub. Yo iba a trabajar allí los fines de semana. El Hub se convirtió en mi casa, mis amigos/as, algunos que venían de Estados Unidos, yo a veces no les citaba directamente en mi casa sino en el Hub, porque mi vida personal y profesional en ese entonces estaban muy muy juntas, se juntaba hasta el punto que me tomaba un café con un amigo en el Hub y después tenía una reunión con un cliente también en el Hub.

Intento de vez en cuando separar lo profesional de lo personal pero tengo una tendencia a juntarlo, porque lo que hago es mi misión de vida, entonces encantado de estar hablando con un amigo de cualquier bobería pero también en cinco minutos estar hablando de los retos que tienen los programas de aceleración o los sistemas de inversión en nuestro país y en cualquier otro país. En ese sentido, la barrera entre lo uno y lo otro para mí está muy difuminada.

Cuando nosotros/as empezamos en el Hub, había varios emprendedores y fundadores que tenían esta forma de llevar su empresa social, y eso también quizá lo hizo bonito. Porque cuando llegabas a la mañana con muchísima energía, te retroalimentabas con la energía de otros/as. Pero también en esos días en los que estabas un poco mal, la energía de unos te ayudaba. Nos contábamos qué estábamos haciendo como proyecto pero si había un problema personal, también nos lo contábamos sin ningún problema. Porque eso es lo que hace a una comunidad y yo la recuerdo con mucho cariño.

¿Cómo fue el proceso para escalar Bridge?

Ha sido un camino largo. Nosotros/as empezamos en 2016, cuando lanzamos nuestro primer programa para organizaciones y luego el programa The Leap para emprendedores independientes que pudieran venir directamente a través de la web. Y durante ese proceso no teníamos nada de dinero y fue muy muy difícil sobrevivir. El programa The Leap fue avanzando, poco a poco, pasito a pasito.

Una de las cosas que ocurrió es que, gracias a un planteamiento conjunto que hicimos con Impact Hub para Coca-Cola, conseguimos una colaboración para el Programa Gira Mujeres, bajo la estrategia de 5by20, de 5 millones de mujeres antes de 2020. Entonces conformamos un programa de incubación para las 10 ganadoras del programa de Gira Mujeres, con mentores del Hub. Y funcionó muy bien. Nos dio oxígeno, sobre todo, desde el punto de vista financiero para poder seguir creciendo.

De ahí cada vez era más formal la colaboración que teníamos con Impact Hub a través de los diferentes programas que hicimos y hasta incluso en un momento el programa de incubación de Impact Hub éramos nosotros/as, era Bridge for Billions.

Tengo muy buenos recuerdos de esos emprendedores. No solamente estaban pasando por el programa de Bridge, sino que también comían con el equipo de Bridge. Nos volcábamos muchísimo más con esos emprendedores, como por ejemplo, con Pedro y Leyre de Areteia, Paola Téllez de Impact Minds, con todo tipo de emprendedores que estaban pasando por el programa y también queríamos ayudarles porque eran miembros de la comunidad.

Poco a poco fuimos creciendo. Gran parte de nuestros programas no estaban en Madrid, sino alrededor de España y en diferentes países del mundo. Y al final, fue eso, fue ir tejiendo esa red, trabajando, colaborando, y sobre todo eso: como nuestra vocación era ayudar a emprendedores dentro del programa o fuera del programa, siempre estábamos haciendo eso.

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